Lluvia al desayuno

13 Apr

lluvia

Está lloviendo, ¡al fin! El sonido de las gotas en el techo, cuando ha estado por tanto tiempo ausente, es mágico. No soy la única en Santiago que añora la lluvia. Somos muchos los que nos ponemos nostálgicos y recordamos cuando las botas de agua eran necesarias en el invierno de esta ciudad que cada año está más seca. Un lugar donde existió el otoño y que hoy, como dice una amiga escritora, solo es un verano camuflado entre hojas secas.  

Este domingo la lluvia vino temprano a desayunar. Hace tanto que no la veía que me emocionó ver las gotas caer sobre el patio. Se dejó caer con calma y se despidió más pronto de lo que hubiera querido. Supongo que así como nosotros estamos asumiendo el encierro, este otoño asumió su condición de tal y se presentó trayendo un viento frío, que vuelve todo a la vida.

Por la tarde salió un sol calentito y se levantó ese aroma a tierra que me gustaría atrapar en un frasco para abrir cada mañana. 

Mañana escribiré sobre la lluvia, aunque haya dejado de caer. 

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