La semana de los abrazos

3 Jan

Foto gentileza de Dani Morita

Foto gentileza de Dani Morita

Qué tradición más buena es la de partir el año abrazándonos, sobre todo si tienes la suerte de estar con las personas que quieres o la euforia suficiente para lanzarte a las calles del bohemio Valparaíso saludando hasta a los extraños.

La pirotecnia del puerto fue uno de mis pequeños grandes traumas. Tenía como 12 años y viajamos con mi familia a ver los tan famosos fuegos artificiales y terminamos medios estresados por el tránsito, con suerte pudimos estacionar cerca de un muelle, que al parecer era el Prat. Estábamos viendo las luces después de cada cañonazo, cuando el viento cambió y las cenizas comenzaron a llovernos encima. Una a medio apagar me quemó el pantalón hippie que llevaba puesto y otra le dio a mi hermano en el ojo, dejándolo medio accidentado por un par de días. Aunque no pasó a mayores, me costó algunos años volver a ver los fuegos sin saltar de susto. Claro que también salto con todas las Alien cuando aparece el bicho y hasta con la escena del Gollum en la última de Peter Jackson.

Este año no hubo fiesta, ni fuegos de artificio. Prendimos un fuego discreto para el asado y dormimos bajo un quillay lleno de algo que supusimos son madres de la culebra (un coleóptero chileno con alas que también me hicieron saltar de susto), bajo la luz de las estrellas, el viento fresco en la cara, acalorados dentro del saco de dormir. Horas antes, nos lavamos los malos ratos del año en una cascada pequeña, rodeada de majestuosas rocas cortadas a pique, en un sector cercano a Las Melosas.

Llegué al trabajo nuevo y me recibieron más abrazos, nos reunimos con los amigos y amigas, algunos que no veía hace más de un año y nos reímos como si el tiempo no pasara. Partimos el año disfrutando de las cosas reales, aceptando las emociones buenas y las malas, sacando afuera los miedos para que los vuele un viento o seguir escribiéndolos para que tomen su lugar y no anden escondidos fastidiando. Y para seguir con los clichés les mando mis buenos deseos para un nuevo año que se viene movido, diverso, colorido y agradezco al universo por tanta vida pura… Y, bueno, vivieron felices para siempre. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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