Colección pequeños y grandes traumas: los niños de África no tienen qué comer

7 Feb

Gentileza de es.123rf.com

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Cuando era niña los adultos tenían la muy mala costumbre de obligarte a comer en horarios y momentos en que probablemente era imposible tener una pizca de apetito. Lo peor era cuando te torturaban para que dejaras el plato vacío.

En los 80 mi mediodía transcurría muchas veces igual, como en “El día de la marmota” (“Groundhog day”). Estaba sentada en la mesa y sabía que sólo faltaba una hora para ir al colegio. Estaba sentada dándole vueltas a un plato de tallarines con salsa boloñesa mientras en la radio cooperativa sonaba SIN-CE-RI-DA-AD es el nombre que encontré para ti. Lo que para mi es igual a las notas de una película de terror.

Incluso de bebé me tenían que engatusar con trozos de jalea y otros para que tomara leche. Después de muchos años escuchando argumentos como “los niños de Etiopía se mueren de hambre”, desarrollé tácticas ninja como devolver el contenido del plato a la olla sin que lo notaran o derechamente tirarlo por el WC. Y después podría imaginarme a unos ojos negros inocentes mirándome con cara de condena.

Entre otras torturas varias, recuerdo a mi abuela golpeando la mesa con una correa de cuero o persiguiéndome por la casa para que volviera a sentarme. La tortura tocó fondo en un episodio del que no tengo recuerdos, pero mis primas aseguran que ocurrió así. Cuentan que ese día estuve batallando más de lo habitual con un guiso de zapallo italiano y en castigo madre me obligó a tragar una cucharada después de haberla regurgitado. No sé si será del todo cierto en todo caso (y espero que no hayan estado comiendo mientras leían el episodio).

Y es que en mi familia –como muchas otras en Chile- tienen una fijación con la comida. Es la forma oficial de entregar cariño. Entonces si no comes es que estás rechazándolos, te enojaste o te atacó alguna rara enfermedad. Me extraña que no nos veamos como los humanos de Wall-e.

Lo peor es que de grande se me pasó lo mala para comer y, como dice Felipe, me pasé diez pueblos de pura gula. Ahora como si tengo pena, sed, estoy aburrida, nerviosa o feliz. Tal vez por eso el médico me mandó a hacer dieta. Parece que los pasteles, chocolates y otras grasosas delicias han hecho estragos en mi hígado y han seguido indignando mi colon .

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