Casa grande de la selva

18 Apr

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Nos quedamos en unas cabañas-palafitos que quedan suspendidas sobre la laguna porque ahora es temporada de lluvias (diciembre a mayo). Las habitaciones son casi puras ventanas, desde donde se ve la selva plana y eterna, la laguna Chanchococha surcada por canoas que van de un pueblo a otro o a buscar la pesca.

Con un apetito voraz nos vamos directo al comedor, que es el lugar de encuentro para todos. Afuera Pepe, un mastín napolitano grande y baboso, duerme, lo mismo hace una rhodesian ridgeback, Maia. Los insectos sirena suenan a deshora, dándonos la bienvenida. Comemos quínoa, pollo y vegetales. Tomamos jugo de frutas cocinas y probamos por primera vez la granadilla y el maracuyá. Este viaje tendrá muchas primeras veces.

Después de un sauna con hierbas, nos movemos al borde de la laguna. Ahí está José esperando que vuelva el que se llevó la canoa para ir a buscar sus peces. Dice que los antiguos eran más inteligentes, ellos sabían hacer las cosas, tallaban remos derechos, no como los de ahora. Los hijos de los hijos habían comenzado a perder los detalles. Los shipibo, los dueños del Ucayali, los originarios de esta tierra. Mai (tierra), nai (cielo), unti y vinti (canoa y remo). Las palabras todavía no se olvidan, los niños todavía hablan en shipibo, aunque ya no quede ninguno de ellos viviendo como antes en y de la selva.

El atardecer dura horas, las estrellas aparecen antes que se desvanezca la última luz roja en el horizonte. Aparecen los murciélagos y brillan las luciérnagas. Estamos suspendidos sobre el lugar de las anacondas. Si escuchamos un ruido como de bala durante la noche, dicen es la anaconda madre.

Al día siguiente nos repetimos el sauna y quedamos en un estado relajo absoluto, ideal para pasar la tarde en la hamaca, leyendo y durmiendo a ratos. Comemos pataska, un plato tradicional que es pescado envuelto en hoja de plátanos y a la parrilla.

Por la tarde, como a las 4, decretamos la hora del lagarto porque unas lagartijas grandes y bonitas se mueven rápido por los explanada, a los pies de los árboles y en los senderos. Después nos damos un baño con una infusión de piri-piri, otra planta maestra que nos ayuda a sacarnos de encima la ciudad y nos prepara para el viaje interior.

A las 19.30 está oscuro y caminamos en procesión hacia la maloca, la casa comunitaria, Boris que vino de Chile como voluntario, nos explica qué es la planta maestra, qué es Ayahuasca, en qué consistirá el ritual, qué debemos tener en cuenta y realizamos una breve ceremonia de tabaco, con la que nos protege para que tengamos un buen viaje. Luego nos quedamos sentados, esperando por largos minutos la llegada del chamán, escuchando los sonidos de la selva.

Al fin aparecieron Roger y Mitsu, junto a cinco que estaban dietando en Suipino (las otras cabañas de Roger). Todos nos quedamos en silencio mientras los dos maestros se preparaban para la ceremonia silbando una melodía que se nos quedó en la mente por muchos días. El chamán llamó a Samuel y le explicó que a los primerizos nos daría una dosis amigable para tener una muy buena primera experiencia.

 Continuará…

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