Escapadas: Un encanto de valle

23 May

Vivac en las afueras del encanto. Foto:Samuel Bravo S.

Vivac en las afueras del encanto. Foto:Samuel Bravo S.

Y nos largamos de la ciudad, con un poco de recelo por las casi cinco horas al volante que nuestro destino exigía. Tomamos la Ruta 5 Norte y pasando el sector Las Chilcas, comenzó una lluvia furiosa, resonante, que apenas dejaba ver la carretera. Esto nos impulsó a continuar con muy breves detenciones, como la imperdible parada para comer las empanadas fritas de Huentelauquén, junto a un néctar de papayas.

Era de noche y el clima estaba templado, así que tiramos nuestros sacos de dormir a los pies de un espino solitario en una planicie con vista a un gran valle, con numerosos sembrados. A lo lejos,  la cordillera que exhibía sus cumbres nevadas. La luna y las estrellas iluminaban la noche clara. Despertamos al amanecer con una luz rojiza en el horizonte y vimos salir el sol.

El petroglifo que inspiró el logo de viña Tabalí.

El petroglifo que inspiró el logo de viña Tabalí.

Reconfortados por el descanso, entramos al Valle del Encanto, famoso por sus petroglifos de la cultura Molle. Hay muchos, algunos en mejores condiciones de conservación que otros, algunos numerados con una impertinente pintura blanca, tal vez usada por un investigador poco prolijo. Al centro de todo hay mesas de pic-nic y quinchos para asado, por lo que no falta el grupo que lleva su reggaetón y se planta a asar una carne, sin importarles el maravilloso entorno.

El lugar es una vega donde además viven algunos pequeños ejemplares de un arbusto llamado papayo silvestre, el único que es endémico en Chile, porque la otra papaya que conocemos es introducida (si, qué decepción).

De ahí, pasamos por Ovalle y nos fugamos hasta Río Hurtado para visitar el Monumento Natural Pichasca, primer lugar donde se encontraron restos de dinosaurio en el país. Hay un refugio donde rescataron vestigios indígenas y varios troncos petrificados, extraídos en las investigaciones paleontológicas. El administrador, Juanito, es un guardaparque de los buenos. Lleva más de 12 años ahí y nos habló de las pinturas rupestres y del lugar, además de abrirnos las puertas de su casa.

Desde ahí empezamos el regreso a casa. Durante todo el tramo de la carretera nos acompañó la más densa niebla. Para escapar del frío, nos refugiamos en el Pirata Suizo de Los Molles, un comedor de 7 tenedores en el límite de la V Región. Excelente experiencia. Con la guatita llena y el corazón contento, no pudimos comenzar de mejor forma esta semana de cierre de ciclos*.

*El domingo es mi cumple.

 ** Todas las fotos son de Samuel Bravo.

Pichasca

Juan nos explica sobre los petroglifos y el deterioro de la cueva por la ganadería caprina.

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