Fábulas de la reconstrucción. Parte 4: Poner límites

24 Jul

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Nadie dijo que era fácil, pero lo estamos disfrutando. A pesar de que mis pesadillas se han vuelto realidad, cada día duermo mejor. En esos sueños siempre me veía en un baño sin paredes, despojada totalmente de mi privacidad, meando frente a todos, a veces en mi propia casa sin muros, la última vez en medio de una tienda de ropa, con colgadores que casi ni dejaban pasar a los compradores.

Aunque podría inventar que era mi propia forma de decir me cago en el consumismo, lo cierto es que este sueño recurrente tiene que ver con mi dificultad para poner límites. Esto me ha llevado a problemas serios, incluso a perder amistades. Creer que estás haciendo un favor, cuando en realidad sólo te estás metiendo en la pata de los caballos y terminas peleando por haber accedido a una idea que no fue tuya y que no te gusto desde el primer momento. Préstame plata pa’ una obra de teatro… Bueno, así surgió el famoso sillón verde del living. Todos saben cómo terminó la historia.

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Ahora, cuando estamos en una condición campista, con la cocina en el patio y solo dos piezas con techo, se me ocurrió recibir visitas. Son buena gente y menos mal que a los pocos días encontraron un lugar más cálido donde parar. De todos modos, sentí que fallé al no haber podido decir que no. Finalmente, no estuvo tan mal porque en esto de no tener puerta, fue bueno tener un día alguien que cuidara el castillo.

Lo bueno es que cada día estamos más cerca de volver a tener puerta. Yo espero estar así de cerca de tener la voluntad necesaria para poner límites. Y aunque me demore un poco más, lograr la fórmula perfecta para dejar de hacer lo que quieren los demás.

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