Monthly Archives: August 2012

Coloreando con los lápices amarrados

Y termino trabajando para un pequeño dictador, como si la educación prusiana me penara. Por lo menos hay pega y tiene partes buenas. La cosa es que el guaripola de la shit está como Musolini, pero más milico y menos italiano. Ahora empezamos a marcar horario, pero igual me hago la bakán porque tengo artículo 22, aunque parece que ni tanto me sirve. Pongo mi huella digital y aparece mi foto con una cara así -> 😛

Los que quieran armar un sindicato se van por “necesidades de la empresa” y no les interesa ser un great place to work, ni que sean todos felices, si no que trabajen no más los cristianos, si pa’ eso les pago.  Aunque no nos tratan de vender la pomada, no puedo dejar de estar en completo desacuerdo con estas prácticas un poco heredadas del inquilinaje.

Con este ambiente militar (los hombres tienen prohibido dejarse barba o bigote), me acordé de una de las torturas estilo CNI a las que nos sometían nuestros padres en la época de la educación prusiana y casi gratuita. Uno de mis traumas de ñoñezzzz era que amarraban mis doce lápices de colores para que dejara de perderlos la cabra de miéchica, que no sabe que la plata es para parar la olla y no para comprar útiles escolares una y otra vez.  Capaz que por eso nunca aprendí a pintar bien (ver vergonzosa ilustración de mi autoría del inicio). Y es que tenía que sostener los 11 lápices sobre mi muñeca, mientras trataba de colorear parejito.

Al final en este régimen casi dictatorial hay que hacer lo mismo que en el colegio, no llamar la atención. Así que trato de pasar piola, pero uta que cuesta porque al final parece que nací para andar extraviando lápices, mover las cosas de lado y dejarlas olvidadas, recuperarlas si se logra, si no a lo nuevo.

Hay cosas que quedan, ni tanto es lo que cambia, es más bien el desastre interior que se hace más patente y se refina.

Grande y Hediondo

Imagen

Dibujo: Samuel Bravo

Grande y hediondo vive en El Ingenio, localidad cercana a San José de Maipo, que detenta el título de “balneario” por encontrarse a la vera del río Maipo.

Lo conocí por casualidad porque fuimos a dar una vuelta por las calles de tierra de este pueblo, adornadas con quillayes, nogales, castaños, membrillos de flor, eucaliptos, almendros y otros, y Samuel le hizo cariño al perro grande, que desde ahí nos siguió, sin remedio.

El problema era que el Grande, al parecer, tenía serios problemas estomacales y mientras caminaba frente a nosotros, nos bombardeaba con olores en extremo desagradables. Ahí que quedara bautizado como Grande (primero) y Hediondo (después). A pesar de lo pestilente, Grande y Hediondo tenía un amigo, que también se nos unió. Era blanco, con manchas negras y café, y mucho más civilizado que Grande y Hediondo, que sumaba a sus peculiaridades la extraña manía de excarvar y tirar toda la tierra tras de si, como si fuera gato.
Los dos nos acompañaron durante nuestro camino a la Gran Roca, sin perder la oportunidad de pelear con cuanto quiltro se nos cruzó en el camino, hasta el blanco manchado entró en una casa para increpar a unos que les ladraban.

Sabíamos que no podíamos llevarlo a casa porque estábamos de visita y la tía Yoli no lo hubiera aceptado. Ni pensar en traerlo a Santiago porque Gatísimo no era muy amigo de los perros, menos si se trataba de uno de esta envergadura.

Tenía cara de perro manso, querible y medio tonto, así que igual lo dejamos babearnos un poco y jugamos con él. Para despistarlo fuimos a la Plaza de Armas del Ingenio, que consistía en rectángulo de pasto con un escenario y juegos para los niños. No tuvimos éxito.

Como empezaba a llover, volvimos a casa. Al llegar a la puerta, nos despedimos de Grande y Hediondo. Parece que entendió el adiós y se quedó mirando desde fuera con su cara de perro bueno.

Shinny days

Imagen Dicen que un día brillante no hace el verano. Pero cuando estamos en pleno invierno, estos veranitos se disfrutan igual o mejor. Hoy fue un shinny day y en general por acá está muy buena la vida. Aunque tengo tanto sueño que desde hace una hora me quiero dormir. Son recién las 20.30 y escribo medio adormilada con Gatísimo acomodado entre mis piernas, después de su ritual de masajear con patas y uñas para ablandar la zona y dejarme algunos agujeros en la ingle. El minino es tan hijoputa y blandito.

La pega nueva está buena y mañana me llevan a Valle Nevado, donde espero por primera vez calzarme unos esquís.

Crecieron dos marías espontáneamente en el jardín, aunque una pasó a pérdida. Pensamos que las semillas estuvieron ahí desde el verano sin germinar… Algún buen samaritano las tiró a la tierra porque nosotros no sabíamos de su existencia. Samu se inspiró con el verdor y armó el huerto. Le ayudé un poco, planté y desmalecé. Ahora tenemos acelgas, tomates, orégano, ajo, ají, menta, zapallo y un montón de otras verdurencias esperando crecer. Lo más bakán es que es un huerto 2.0, porque pensando que tendremos más verduras de las que necesitamos, el Samu creó una red social para intercambiar cultivos. El que se quiera hacer socio regístrese en www.prana.cl.

Me duermo con las gallinas porque en realidad soy “entera polla”. Les mando un solcito desde este mi espacio brillante iluminado con los rayos de la más bella y fecunda ira interna. AMON.

Nota mental: ¿No postié nada sobre el amoniteismo? Pronto más sobre cómo encontrar tu amonite interior. http://www.facebook.com/photo.php?fbid=10150849602514285&set=a.113437624284.100679.539419284&type=1&theater