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Fábulas de la Reconstrucción. Parte 2.

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El primer shock de la demolición se fue acrecentando, aunque creo que ya adapté a esta forma de hacer campismo en casa. La cocina se fue al patio. Los muebles que eran pocos y malos, así que se regalaron o terminaron arriba del camión de escombros.

Lo más grave es la falta de agua caliente, por lo que postulé la piscina como mi nuevo baño. Mis amigos me han ofrecido sus duchas por doquier, así que iré rotando de ducha en ducha hasta que se vuelva a instalar el amado calefont en la mía. Nunca pensé que un aparato tan insignificante tuviera tanta relevancia en mi burguesa vida.

A falta de agua caliente, tenemos internet. Y, bueno, también es necesario aunque me quita el mal olor.

Los encargados del trabajo son 3 tipos jóvenes, dos de ellos veinteañeros que se veían felices mazo y picota en mano, tumbando todo lo que se les vino por delante.

Ahora estamos reducidos a nuestra mínima expresión. Enjaulados por las cajas de objetos que nos resistimos a tirar, esperando hacernos el tiempo para ir a regalar algunos items coleccionables que hemos acordado, jugando a dónde quedó tal o cual, pero bastante organizados al respecto. Samuel pregunta dónde y generalmente sé la respuesta. Por eso, ahora me creo el hoyo del queque y ando brabucona por ahí… En el fondo, cada día estoy más impactada con este estado sin techo temporal. Pienso en los que no tienen casa y en los niños de África y todas esas cosas (broma).

Al menos a mi, aunque estoy toda gruñona y no quiero despegarme del proceso, ni las paredes de casa, todavía me queda lo principal: Samu, gato y el sueño de lo que espero pronto sea mi nuevo lugar.

Fábulas de la Reconstrucción*. Parte 1.

destruccionNunca estás listo. Aunque es una decisión que tomé en plena consciencia, la realización del sueño de una década, no estaba lista para ver la destrucción total de mi más longeva seguridad. Mi casa. Esa que ha sido el corazón de fiestas, celebraciones, penas, peleas, todos los grandes momentos está hecha escombros gracias a una simple idea.

“Nos echamos la casa”, me dice Samuel mirándome con cara de juguete nuevo. “Sí”, le respondo y me hundo en muchas emociones. Ansiedad, nerviosismo, miedo, también esperanza y alegría. Botamos los muros y sabemos que lo que sea de ellos ahora será mejor. Esa es nuestra apuesta.

Nunca imaginé la parte del proceso en que, de un día a otro, estás casi desnudo. Viviendo reducido a lo básico, todos nuestros recuerdos, el equipaje que cargamos en la vida, aglutinado en cajas, en un espacio reducido. Regalar lo que ya no sirve, no se usa o está gastado. A pesar de que inevitablemente todavía se quedan algunas cosas que sabes que tenías que olvidar, para que venga lo nuevo, lo verdadero.

Me lo habían anunciado en mi carta astral y en las canalizaciones. Estás en un periodo de destrucción total de ti misma, lo que fuiste e hiciste ya no te hace sentido. Luego de la destrucción viene el espacio para la creación de un nuevo yo.

Un sicólogo me dijo alguna vez que el estado de tu casa es un reflejo de tu vida. En eso estoy. Después de una década en este lugar, comienzo a construir, intentando no volverme loca en el desorden, dando vuelta las páginas, pensando en todos los que compartieron buenos momentos aquí conmigo, con la mejor compañía que podría tener. Porque si bien no hay muros, hay hogar.

Cuando vi la demolición lo primero que se me vino a la mente fue ese disco de REM que se llama Fables of the Reconstruction o al revés Reconstruction of The Fables (1985, IRS) y lo escucho ahora mientras comienzo el relato de la reconstrucción de mi propia fábula, acostada junto a mis compañeros en esta aventura, Samuel y Gatísimo.